En 1947,
el Comité
de Actividades Antiamericanas comenzó a presionar a la fiscalía
para que se deportara a Chaplin,
«cuya vida en Hollywood contribuye a destruir la fibra moral de
América» —como se dijo—. A pesar de que fue llamado a testificar en
varias ocasiones, él nunca se presentó y fue acusado por una asociación
reaccionaria por escribirle una carta al pintor Pablo
Picasso, también comunista, en referencia al «Caso Eisler».
Un senador estadounidense dijo que «el comportamiento de Chaplin se
aproximaba peligrosamente a la traición». El 17 de septiembre de 1952, el
Fiscal General de Estados Unidos dio instrucciones para retener al actor
y a parte de su familia cuando viajaban en el RMS Queen Elizabeth
para asistir al estreno de Candilejas
en Europa
y de esa forma, debatir si debía ser expulsado o no.
Allí lo denunciaron de «pertenecer al Partido
Comunista,
así como de graves delitos contra la moralidad y de formular
declaraciones que demuestran una actitud hostil y de menosprecio hacia
el país gracias a cuya hospitalidad se ha enriquecido».
Finalmente, adquirió una mansión en Corsier-sur, Vevey, en Suiza,
donde residió desde 1953 hasta su muerte. Su esposa, Oona, viajó a Estados Unidos para rematar los bienes de su esposo y, con
motivo de su 64º cumpleaños, Chaplin se trasladó a Ginebra y le hizo entrega al cónsul
norteamericano de su permiso de retorno a Estados Unidos, con lo cual
demostró su intención de no querer volver a ese país, aunque después
regresó para recibir un premio por su trayectoria en 1972.
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