La primera película hablada de Chaplin, El gran dictador (1940), significó un acto de desafío
contra el nazismo.
Fue filmada y lanzada un año antes de que Estados Unidos entrara en la Segunda Guerra Mundial. Chaplin
interpretó el personaje de Adenoid Hynkel, el dictador de Tomainia,
inspirado en el dictador alemán Adolf
Hitler, que era en la vida real cuatro días más joven que Chaplin y
tenía un bigote similar. La película también presentó al comediante Jack
Oakie como Benzino Napaloni, el dictador de Bacteria, una parodia al
dictador italiano Benito Mussolini.
Paulette Goddard también intervino. La
película fue vista como un acto de valentía en el entorno político de la
época, tanto por su ridiculización al nazismo como por su
representación de judíos perseguidos por el régimen. También intervino
el personaje de un barbero judío, similar al vagabundo, que también
sufrió la persecución. Al final, el barbero pronuncia un discurso
denunciando a la dictadura, la codicia, el odio y la intolerancia,
pronunciándose a favor de la libertad y la fraternidad humana.
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